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La diabetes, cuando se desarrolla en la niñez, debería poder ser reconocida con relativa facilidad, sin embargo, los síntomas clásicos suelen pasar completamente desapercibidos, principalmente por la falta de comunicación entre los padres y los médicos.



Una de las primeras pistas para detectar la diabetes infantil es que el niño moja la cama pese a que ya no lo hacía y sin ningún antecedente de problemas emocionales. La sed insaciable que ni con grandes cantidades de agua y otras bebidas se sacia es otra de las señales típicas de la diabetes. Después viene el hambre extrema, la debilidad y la disminución de peso.

También se presentan varias complicaciones emocionales derivadas de la necesidad de cuidados mayores y exigentes para controlar el padecimiento, así como la aceptación de una dieta restrictiva de alimentos.

Conforme un niño con diabetes se va acercando a la adolescencia (12 a 19 años), es probable que presente desórdenes emocionales relacionados con la enfermedad, debido a la tiranía de las inyecciones diarias de insulina, la necesidad de comer en horarios establecidos rigurosamente, las restricciones de dulces y otras golosinas que sus amigos sin diabetes si pueden disfrutar, la angustia con respecto al ejercicio que se puede presentar en exceso o nulo. Estos y otros factores derivados de su “diferenciación” con otros niños añaden tensión e inestabilidad a los niños y adolescentes con diabetes. Durante esta etapa se presentan algunas necesidades especiales a considerar durante el tratamiento:

Necesidad de independencia de los padres . Puede actuar como si no fuera persona con diabetes, ignorando la dieta, el autoanálisis, incluso las inyecciones de insulina. Rechaza los consejos, hay cambios continuos de humor, no quiere pedir ayuda y no es capaz de asumir las complicaciones futuras de su mal control metabólico. Hay que darles refuerzos positivos, intentando que acepten una mayor responsabilidad en el cuidado de su diabetes, sin dejar nunca de prestarles apoyo y supervisión.

El paciente establece las bases de su comportamiento, modas y manías que puede llevarle a comidas irregulares, exceso de actividad física y posibles contactos con el alcohol y drogas. En las niñas es importante el problema de la "imagen corporal", el temor al exceso de peso puede llevarlas a disminuir la dosis de insulina. Lo fundamental en esta etapa es implicarlo en la toma de decisiones, negociando los objetivos. Se pueden beneficiar del contacto con otros pacientes de su misma edad.

Habrá que considerar solicitar apoyo psicológico para el niño y la familia en las siguientes situaciones:
Relacionados con el niño:
Problemas escolares: dificultad de aprendizaje, ausencias injustificadas, suspender cursos
Depresión, ansiedad
Pérdida de peso e hiperglucemia mantenida especialmente en la adolescencia.
Relacionados con la familia:
Conflicto intenso y prolongado entre el padre y el hijo acerca del reparto de responsabilidades en el cuidado de la diabetes.
Situaciones estresantes en la vida, como divorcio o muerte de un miembro de la familia.

RECUERDA:

Para que un niño con diabetes crezca y se integre, los padres deben tener muy claros algunos aspectos:
No esconder nunca la diabetes.
La vigilancia excesiva es contraproducente.
Ayudar siempre a que el niño siga con el mismo ritmo de vida.
No hablar continuamente sobre el padecimiento.
No hay que tener sentimientos de culpa.
Comprender los cambios de carácter del niño por su tratamiento o por la enfermedad, y no por lo que él está sintiendo o manifestando.
Entender que el niño con diabetes crece y es igual que los demás niños.

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